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Política Externa

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Presencia militar brasileña ayuda en la reconstrucción de Haití

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Las exportaciones al África crecieron 315% ya en los primeros años del gobierno Lula. Beneficiadas por el perdón de Brasil a las deudas de varios países africanos, nuestras empresas pasaron a vender combustibles (alcohol, diésel y gasolina), azúcar, carne bovina y mineral de hierro. A Sudáfrica, Nigeria y Angola, por ejemplo, Brasil exportaba US$ 1,184 mil millones de dólares en 2002, valor que llegó a casi US$ 4 mil millones en 2013.

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Las exportaciones de carne de aves, minería, cereales y azúcar a Medio Oriente aumentaron la ganancia de la industria y del agronegocio brasileños. Hoy, la mitad de los países árabes le compra más a Brasil, incluidos varios que, hasta 2002, eran prácticamente ignorados. Los dos mayores aliados comerciales de la región, Arabia Saudita y Egipto, compraban juntos menos de US$ mil millones.

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Diplomacia "mercader" ayuda a vender productos brasileños

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El multilateralismo extrapola los límites sudamericanos: en 2010, se creó la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), sin la presencia de Estados Unidos y Canadá. Ambos se oponen a la entrada de Cuba a la Organización de los Estados Americanos (OEA), pero no tuvieron cómo impedir que el país caribeño fuera recibido por la nueva organización. No por casualidad, la reunión de la cúpula de la Celac, en enero de 2014, se realizó en La Habana, que hacía décadas no era sede de eventos de ese género.

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En los últimos 12 años, los gobiernos Lula y Dilma asumieron firmes posiciones contra todos los intentos de derribar gobiernos electos democráticamente en América Latina. La creación o el fortalecimiento de organismos multilaterales es la estrategia para evitar tanto las amenazas a la democracia como los conflictos entre los países de la región.

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Brasil actúa para que se respete la voluntad de las urnas en todo el continente

Creada en 2008, Unasur fortaleció los lazos entre los países sudamericanos Foto: Ricardo Stuckert/PR 

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“Nuestro país se volvió una voz activa, voz a ser oída, opinión a ser consultada en las grandes decisiones. Asumimos el rol de protagonistas en un mundo en intenso proceso de cambios (...) Somos referencia y jamás negaremos apoyo a los países más pobres que luchan contra el atraso y buscan elevar a sus pueblos a paradigmas básicos de civilización. Trabajamos permanentemente para establecer una relación proficua y productiva con las naciones desarrolladas.

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“La verdad es que no nos tomaban en serio. Pero no nos tomaban en serio porque nosotros mismos no nos respetábamos. Seamos francos: en este país, tuvimos durante mucho tiempo una parte de la elite dirigente que cargaba con el complejo de perro callejero.”

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Con Lula y Dilma, Brasil dejó de lado el papel secundario y previsible de jamás contrariar las decisiones tomadas por los Estados Unidos y por los países europeos. Nuestras atenciones y esfuerzos se dirigieron a los vecinos de América Latina, principalmente de América del Sur, y a África y Medio Oriente. Soberano, Brasil amplió sus alianzas sin esperar autorización de ninguna potencia. Todos fueron tratados como iguales.

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