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Política Externa

Antes, Brasil se quitaba los zapatos para entrar en los EEUU; con Lula y Dilma, somos independientes y creamos el Banco de los Brics

Juntamente con China, India, Rusia y Sudáfrica, Brasil crea alternativa al FMI y al Banco Mundial: el Banco de los Brics Roberto Stuckert Filho/PR  

Si fuera necesario elegir un único hecho para definir la política externa de Brasil antes de la llegada de Lula a la Presidencia de la República, este sería seguramente la vejación impuesta al ministro de Relaciones Exteriores del gobierno Fernando Henrique Cardoso (FHC), obligado a quitarse los zapatos al desembarcar en los Estados Unidos, para probar que no era un terrorista cargando explosivos. Desde entonces, la postura de Brasil ha cambiado tanto que ese hecho se parece más a un chiste. Pero realmente ocurrió: fue en 2002, el último año de la sumisión de nuestra diplomacia.

La dependencia al Fondo Monetario Internacional (FMI) también quedó atrás. Si FHC recurrió al FMI tres veces, Lula pagó la deuda, y, en 2014, fundamos el Banco de los Brics, un banco de desarrollo que es una alternativa al FMI y al Banco Mundial.

Brasil vence el complejo de perro callejero, conquista soberanía y es respetado en el mundo entero

Con Lula y Dilma, Brasil dejó de lado el papel secundario y previsible de jamás contrariar las decisiones tomadas por los Estados Unidos y por los países europeos. Nuestras atenciones y esfuerzos se dirigieron a los vecinos de América Latina, principalmente de América del Sur, y a África y Medio Oriente. Soberano, Brasil amplió sus alianzas sin esperar autorización de ninguna potencia. Todos fueron tratados como iguales.

Quedó en el pasado el tiempo, como muy bien lo definió Chico Buarque de Holanda, en el que Brasil hablaba con la voz finita al dirigirse a los Estados Unidos y la engrosaba para hablar con Bolivia. Para que la afirmación de la soberanía nacional viniera acompañada de resultados concretos, empresarios brasileños se juntaron a los diplomáticos en las misiones internacionales. El efecto fue casi inmediato: el comercio exterior brasileño se diversificó, reduciendo la dependencia respecto a la economía de los Estados Unidos y de Europa. La crisis internacional de 2008 mostró que esa fue la opción más acertada, al final, Brasil ya no dependía de quienes se estaban hundiendo en la crisis.