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O povo em primeiro lugar

Acceso a políticas públicas

 

Generación de empleos, aumento de salarios y transferencia de ingresos elevan Índice de Desarrollo Humano

Empleos, salarios y el Bolsa Familia interrumpieron el ciclo de pobreza y miseria de familias que, ahora, pueden comprar, comer bien, vivir mejor y hacer planes para el futuro. Las inversiones en políticas de prevención y en programas como el Salud de la Familia están garantizando una vida mejor y más larga a miles de personas que jamás habían pasado por una consulta médica. El esfuerzo para asegurar que todos los niños y niñas estén en la escuela y los programas de alfabetización de adultos han creado nuevas perspectivas para el futuro de los brasileños pobres.

Todo ello ha impulsado el Índice de Desarrollo Humano del país, el IDH, calculado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En 2012, el IDH brasileño llegó a 0,730 (cuanto más cerca de 1, mejor). Así, el país fue uno de los que más avanzó en dos décadas.

No es gasto, es inversión en lo social

Es común que los grupos conservadores critiquen lo que clasifican como “gastanza” del gobierno federal. Lo que ellos no dicen es que, en verdad, están realmente molestos con las inversiones en políticas sociales, porque precisamente para allí están migrando cada vez más los recursos federales. Lo que ellos ven como gasto, en realidad, es inversión en las personas para reducir la brecha de la desigualdad en el país y abrir las puertas de las oportunidades de ascenso a todos.

Actualmente, la inversión social agregada se acerca del 23% del PIB, casi 10 puntos porcentuales más que lo verificado en 1985 (13,3%), según análisis del investigador Márcio Pochmann, presidente de la Fundación Perseu Abramo. O sea, de cada R$ 4,00 que se gastan en el país, uno se vincula directamente a la economía social. “Si se contabiliza también su efecto multiplicador (elasticidad de 1,8) se puede estimar que casi la mitad de toda la producción de riqueza nacional se encuentra relacionada directa e indirectamente a la dinámica de la economía social”. Esa es la verdadera revolución económica que está sacudiendo al país.

• Políticas Sociales y Patrón de Cambios en Brasil durante el Gobierno Lula


En el gobierno Lula, la inversión social per capita creció un 6,7% al año, contra el 4% anual registrado entre 1995 y 2002. Al contrario de lo que esperaban los conservadores (y por lo que hinchaban), la capacidad del Estado brasileño de invertir en políticas sociales no fue comprometida por la crisis internacional de 2008-2009. La inversión social per capita siguió su trayectoria creciente y continua.

Brasil avanza en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio de la ONU

Con la llegada del nuevo milenio, en el año 2000, los 191 países que forman la Asamblea General de las Naciones Unidas establecieron ocho metas para que sean alcanzadas por todos hasta 2015. Esas metas recibieron el nombre de Objetivos de Desarrollo del Milenio y cada país posee una meta específica para concretar la meta general.

Desde 2003, Brasil logró alcanzar e incluso sobrepasar con cierta holgura muchos de esos objetivos. Para alcanzarlos eran necesarias inversiones en políticas que consideraran como caminos para la inclusión el acceso a servicios de salud y educación y no solo el aumento del ingreso. Fue exactamente lo que hizo el gobierno Lula, y el gobierno Dilma lo profundizó. Por ello, el país eliminó el hambre reduciendo la pobreza extrema, derrumbó la mortalidad infantil y promovió políticas de valorización de la mujer y de combate a la epidemia del VIH/Sida que se volvieron referencias mundiales y fueron adoptadas por decenas de otros países de América Latina, África y Asia por recomendación de la propia ONU

• Brasil y los Objetivos del Milenio.

Niños y niñas brasileños como Andriele da Rosa Silva, hija de una beneficiaria del Bolsa Familia de Novo Hamburgo (RS), están ingresando cada vez más temprano en la escuela y saliendo cada vez más tarde / Foto: Marcelo Curia / MDS
 
 
Educación: Niños y niñas están estudiando más

Brasil camina a paso largo para completar su meta del milenio en educación en 2015, que es la de asegurar la universalización de la educación básica. El objetivo implica no solo universalizar el acceso a la educación básica sino también garantizar que nuestros adolescentes concluyan la educación básica en la edad adecuada.

Los resultados justifican el optimismo. En 2011, el 98,3% de los niños, niñas y adolescentes entre siete y 14 años de edad estaban en la escuela. Entre los niños y niñas de cuatro o cinco años, el 78,2% frecuentaba la escuela; una década antes, solo un 55% ingresaba a la escuela en esa franja etaria. Y lo mejor: la distorsión edad-curso, algo que desanima a los estudiantes y provoca la deserción escolar, es cada vez menor.

Además, Brasil ya cumplió la meta de eliminar las disparidades de género en el sistema de educación: hoy, el número de niñas matriculadas ya es más grande que el de niños.

Salud: Brasil anticipa metas y ONU ve al país como modelo internacional

Pocos países han tenido un desempeño tan bueno en salud como Brasil. Más que alcanzar los objetivos anticipadamente en esta área, el país ahora es una referencia, con políticas y prácticas que, según la ONU, deben ser copiadas o replicadas por los demás países en desarrollo. El mejor ejemplo de eso es la tasa de mortalidad infantil: la meta de 15,7 decesos por 1000 nacidos vivos, estipulada para 2015, fue alcanzada cuatro años antes.

La vacunación rutinaria de más del 95% de los niños y niñas brasileños es uno de los factores que permitieron que Brasil anticipara en cinco años las metas de reducción de la mortalidad infantil Foto: Manu Dias/Secom Gov.BA 
 
Cinco años antes de lo previsto, Brasil redujo por la mitad el número de muertes causadas por la tuberculosis. La estrategia brasileña de combate al VIH/Sida sirve como modelo para todos los demás países, a la vez que la incidencia de enfermedades evitables por vacunación viene cayendo fuertemente en los últimos años. Por mencionar algunos ejemplos, entre 2001 y 2011 la incidencia de difteria en menores de 5 años cayó un 70%. El número de casos de tétano neonatal cayó un 85% y los de rubéola congénita fueron reducidos a cero. La meta de reducción de la razón de mortalidad materna (número de óbitos por 100.000 nacidos vivos) aún no fue alcanzada, pero avanza hacia eso, pues la tasa disminuyó un 23% en 10 años.