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O povo em primeiro lugar

Más ingresos

 

Rendimiento medio de las empleadas domésticas crece un 5% al año entre 2003 y 2013

Las empleadas domésticas constituyen una de las clases cuyo ingreso más creció en el período 2003-2013. El rendimiento medio de la categoría subió un 5% al año. La comparación entre los salarios de diciembre de 2013 y los del mismo mes de 2012 muestra una escalada aún mayor en el ingreso de la categoría, de acuerdo con la Encuesta Mensual de Empleo del IBGE para las seis mayores regiones metropolitanas del país: alza del 8,2%, con aumento del rendimiento a R$ 843,00. En esa misma comparación, el ingreso medio general del país subió un 3,2%.

Inclusión social aumenta poder de compra y todos ganan

La reducción de la desigualdad es buena para todas las clases sociales. Con la inclusión de millones de brasileños en el mercado de trabajo formal y el aumento del poder de compra, todos los sectores de la sociedad salen ganando. Los más pobres ganaron más, visto que el ingreso domiciliario per capita del 20% más pobre creció un 5,1% al año entre 2001 y 2011, mientras que el 20% más rico tuvo un crecimiento del 0,7% en el mismo período, según datos de la Encuesta Nacional por Muestra de Domicilios (PNAD) realizada por el IBGE. Eso fue exactamente lo opuesto de lo que ocurrió la última vez que la desigualdad había caído, en la década de 1980. En ese entonces, la recesión económica hizo que todos perdieran.

Empleo récord, salario mínimo fuerte y Bolsa Familia impulsan mejoría de ingreso de los más pobres

El mercado de trabajo activo y la valorización del salario mínimo son responsables por buena parte de la reducción de la desigualdad social de la última década. El aumento real de salario (por encima de la inflación) para los trabajadores formales en más del 90% de las negociaciones con sus empleadores, explica la recuperación del peso de la masa salarial en relación al PIB del país, o sea, a toda la riqueza que produce Brasil durante el año, que ya pasa del 50%.

Mercado de trabajo activo y aumentos reales de salario vienen aumentando cada año el peso de la masa salarial en relación al PIB. Foto: André Gomes de Melo
 
 
 

El valor de R$ 724,00 para el salario mínimo de 2014 representa un aumento real del 72,35% desde 2002. Para hacerse una idea concreta de qué significa eso, o de cuánto repercute la evolución del salario mínimo en el bolsillo del trabajador, el poder de compra del salario mínimo neto pasó, de acuerdo con el Departamento Intersindical de Estadística y Estudio Socioeconómico (Dieese), de 1,42 canastas básicas en 2002 para 2,07 canastas básicas en 2013, y tuvo, en enero, un poder de compra equivalente a 2,28 canastas básicas. El reajuste del salario mínimo también beneficia directamente a alrededor de 21 millones de asegurados de la Previsión Social que, juntos, van a cobrar, a lo largo del año 2014, alrededor de R$ 11,5 mil millones más del INSS (Instituto Nacional de Seguridad Social) que en 2013.

El Bolsa Familia también tuvo un peso importante en la reducción de la desigualdad social de la última década. Nada menos que 36 millones de brasileños dejaron la línea da extrema pobreza gracias a la transferencia de ingreso hecha por el gobierno federal, en un valor promedio de R$ 167,00. Entre los grupos sociales más beneficiados están los habitantes de la región Nordeste (51%), las mujeres (93% de los titulares de las tarjetas del programa), los pardos y negros (73% de los 13,8 millones de familias atendidas), según datos del Ministerio de Desarrollo Social y del Ipea.

Para ilustrar la fuerza de las políticas públicas y de cómo sirven de base para nuevos avances del ingreso de las clases de menor poder adquisitivo, basta decir que el 63,8% del microcrédito rural y el 44% del microcrédito urbano desembolsado por el Banco del Nordeste en los últimos años, que alcanza a 1,2 millón de personas, fueron concedidos a clientes beneficiarios del Bolsa Familia.

La reducción de la desigualdad regional

Era inevitable que las políticas que resultaron en la reducción de la distancia entre ricos y pobres tuvieran como consecuencia la disminución de las disparidades entre las regiones brasileñas. Después de todo, es en las regiones Nordeste, Norte y Centro-Oeste donde vive la mayor parte de la población pobre del país. Pero no fue solo por eso que esas regiones pasaron a tener, desde 2002, mayor peso en la economía brasileña. Las inversiones en infraestructura también fueron decisivas para que los estados de esas regiones aumentaran su participación en el Producto Interno Bruto y la desigualdad de ingreso cayera en un 80% de los municipios brasileños entre 2000 y 2010.

• Sepa más sobre la reducción de la desigualdad de ingresos en el 80% de los municipios brasileños

Prueba de eso es que el crecimiento del ingreso domiciliario per capita – que incorpora todas las fuentes de ingreso, incluyendo transferencias – ocurrió en todo el país, pero fue más intenso justamente en las regiones de menor ingreso. En el Nordeste, este aumento fue del 2,9% al año, un 65% por arriba del promedio nacional.

Esta reducción de las desigualdades regionales también se observa cuando se consideran solamente las fuentes relacionadas al trabajo. En el Nordeste, el ingreso del trabajo se expandió, en promedio, un 3,3% al año, por encima del 2,1% registrado en Brasil.