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Crescimento com distribuição

Salario Mínimo

 

Aumentos reales incrementan el poder de compra de la población y ayudan a reducir las desigualdades de ingresos

El aumento real del 72,75% del salario mínimo no solo recompuso las pérdidas sufridas por los trabajadores durante la década perdida de 1980 y el período neoliberal de los años 1990 - marcado por bajo crecimiento y por las privatizaciones -, sino que también aseguró el mayor poder de compra de su historia. Considerando la canasta básica más cara en valores de enero de este año (R$ 325,26), el trabajador hoy tiene un poder de compra equivalente a 2,21 canastas básicas - de lejos, la mejor relación salario mínimo/canasta básica registrada en promedios anuales desde 1979.

En el estudio La Década Inclusiva (2001-2011): Desigualdad, Pobreza y Políticas de Ingreso, el Ipea (Instituto de Investigación Económica Aplicada), analizando datos captados por la PNAD (Encuesta Nacional por Muestra de Domicilio), produjo un ranking que señala el origen del ingreso de las familias brasileñas: Trabajo (58%), Previsión Social (19%), Bolsa Familia (13%), Beneficio de Prestación Continuada (4%), Otras, como alquileres e intereses, (6%). Los datos muestran que parte expresiva de la reducción de la desigualdad se debió a la fuerza de la expansión del mercado de trabajo y del aumento del salario mínimo (95% de los empleos creados en la última década fueron para trabajadores que perciben hasta 1,5 SM), lo que, según los investigadores, le confiere sustentabilidad al proceso redistributivo asumido. “Sin las políticas redistributivas patrocinadas por el Estado brasileño, la desigualdad habría caído un 36% menos en la década”, afirma el documento.

Además de impactar poderosamente sobre la reducción de la desigualdad de ingresos entre ricos y pobres, el aumento real continuo del salario mínimo también ha sido una herramienta de reducción de las desigualdades regionales. Las regiones menos desarrolladas del país, Norte y Nordeste, son exactamente aquellas donde hay un mayor número de trabajadores con rendimientos vinculados al mínimo: 58,2% en la región Nordeste y 42,4% en la región Norte.

 

Institucionalización de los aumentos y referencia internacional

En el inicio del segundo mandato del gobierno Lula, en 2007, el gobierno y las centrales sindicales se pusieron de acuerdo con respecto a aquella que se hizo conocida como la Política de Valorización del Salario Mínimo: el SM sería reajustado cada año con base en la variación del Producto Interno Bruto (PIB) del penúltimo año (para el caso de 2014, se toma el PIB de 2012), sumada a la inflación acumulada del año anterior (para 2014, se toma la inflación de 2013) medida por el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). En el gobierno Dilma, en 2011, aprobada por el Congreso Nacional, la política se convirtió en Ley nº 12.382, con vigencia hasta 2015.

La valorización constante del salario mínimo por los gobiernos Lula y Dilma hizo que Brasil fuera destaque en reciente informe de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). El texto relata la experiencia brasileña y su impacto positivo en el desarrollo socioeconómico reciente del país. Iniciativa distinta de aquella tomada por países europeos, como España, Portugal y Grecia, en el enfrentamiento de la crisis de la economía global, donde el crecimiento del desempleo está viniendo acompañado de la reducción de los derechos laborales y sociales.

El informe de la OIT “Reparando el tejido económico y social” señala la importancia de un sistema amplio de cobertura del salario mínimo y de una política adecuada de establecimiento del valor de ese salario como parte de los esfuerzos para ampliar la protección social. Además, en un escenario en el que hay menor demanda de parte de países más desarrollados, los aumentos del salario mínimo ayudan a estimular la demanda doméstica.