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Crescimento com distribuição

La nueva clase trabajadora

 

Conozca mejor a la nueva Clase C brasileña

El ascenso social de millones de brasileños ha hecho aflorar el prejuicio de sectores minoritarios de la sociedad que se sienten incómodos y disgustados de tener que compartir los espacios que antes eran cautivos de una cierta elite con los trabajadores brasileños: celadores, manicuras, obreros de la construcción civil, mensajeros, mecánicos, empleados de comercio, jubilados. Gente que trabaja duro para ganarse su dinero y tiene todo el derecho de consumir, viajar y frecuentar lugares a los que no tenía acceso antes de los gobiernos Lula y Dilma.

El aeropuerto es un espacio público emblemático de este nuevo momento. Si, en diciembre de 2004, el total de pasajeros pagadores en vuelos domésticos fue de 2,6 millones, este número se triplicó hacia diciembre de 2013, alcanzando la marca de 8,2 millones de pasajeros. Seguramente muchos de ellos hicieron el primer vuelo de sus vidas, pero no el último. En palabras del economista João Sicsú: “Gente que migró al Sudeste en ómnibus y hoy vuelve al Nordeste para visitar a sus parientes en avión”.

Las voces de la Clase Media
Empleo y acceso al consumo

Reducción de las desigualdades

Más oportunidades de trabajo y mayores salarios vienen beneficiando a segmentos de la sociedad brasileña históricamente marginados: negros, nordestinos, trabajadores rurales. De cada 100 personas que ingresaron a la clase C entre 2002 y 2012, 75 eran negras o pardas - o sea, tres de cada cuatro personas. En la región Nordeste, la clase C creció del 22% al 42% del total de la población, según datos de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República en el estudio Voces de la Clase Media.

En el área rural los avances también fueron impresionantes: la clase C duplicó, pasando del 21% de la población al 42%. Las políticas económica y social de los gobiernos Lula y Dilma, por lo tanto, contribuyeron también para la reducción de las desigualdades entre el campo y la ciudad.

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El 68% de los jóvenes de la clase C estudió más que sus padres

El camino de la oportunidad se abrió a millones de jóvenes en los gobiernos Lula y Dilma por medio de más plazas en la educación primaria y secundaria, en las universidades públicas y privadas, al igual que en las escuelas técnicas. (Vea aquí). Y los jóvenes están aprovechando las puertas abiertas para cualificarse y entrar en mejores condiciones al mercado de trabajo. Estudio del instituto Data Popular indica que el 68% de los jóvenes de la clase C estudió más que sus padres, mientras que eso es cierto para tan solo un 10% de la clase A.

En palabras de Renato Meireles, socio director del Data Popular: “Si las profesiones paternas predominantes eran constituidas por trabajos físicos, domésticos y de albañil, las profesiones de estos descendentes, en su mayoría, están centradas en el área de ventas, que exige un aprendizaje mayor, conquistado con el ingreso de esos jóvenes en las universidades. Los jóvenes mejor preparados son el retrato de la evolución de las clases emergentes”.

Para cada R$ 100,00 que perciben los padres de la clase C, el hijo gana otros R$ 53,00. Eso ha repercutido en el poder de consumo de estos jóvenes (entre 18 y 35 años), que llega a R$ 129,9 mil millones, según los datos recogidos por el Data Popular. Este valor representa más que la suma de los ingresos de los jóvenes de las clases alta y baja juntas, que poseen, respectivamente, R$ 80 mil millones y R$ 19,9 mil millones. Tal constatación se hizo en el estudio O rolezinho e os jovens da classe média.

Jóvenes de la clase C mueven más la economía que los de otras clases sociales
La Clase C duplicó su tamaño en las favelas brasileñas

Otro estudio realizado por el instituto Data Popular, en alianza con la Central Única de las Favelas (CUFA), con dos mil habitantes de 63 favelas brasileñas, muestra que la clase C duplicó su tamaño en esas comunidades durante la última década, a ejemplo del crecimiento que hubo en el país como un todo. Su promedio salarial es de R$ 910,00. La mejora del empleo y del ingreso impulsó el consumo: la mitad de las casas tiene TV de plasma o de LCD, computadora y horno microondas. El 99% de los habitantes tiene refrigerador, el 91% tiene plancha de ropa, el 20% posee coche y un 13%, moto.

El ingreso anual de los 11,7 millones de brasileños que viven en favelas – población mayor que la del Rio Grande do Sul, el quinto estado más poblado de la federación – está estimado en R$ 63,2 mil millones (lo equivalente a la suma total del consumo de las familias de Paraguay y Bolivia).

Los datos muestran que el 59% de los habitantes de favelas no tiene cuenta en banco y el 65% no posee tarjeta de crédito. Prácticas informales, como el pago al fiado, persisten. La encuesta señala que de 2003 a 2013, aumentó ligeramente el porcentaje de los habitantes de favelas con más de 10 años insertados en el mercado de trabajo, que subió del 49% al 54%.

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